El niño en edad preescolar aprende las habilidades sociales necesarias para jugar y trabajar con otros niños y, a medida que crece, su capacidad de cooperar con muchos más compañeros aumenta. Aunque los niños de 4 a 6 años pueden ser capaces de participar en juegos que tienen reglas, éstas pueden cambiar con la frecuencia que imponga el niño más dominante. Es común, en grupo de niños preescolares pequeños, ver surgir a un niño dominante que tiende a "mandar" a los demás sin mucha resistencia por parte de los otros niños.
Es normal que los niños en edad preescolar pongan a prueba sus limitaciones en términos de habilidades físicas, comportamientos y expresiones de emoción y habilidades de pensamiento. Es importante que exista un ambiente seguro y estructurado, que incluya límites bien definidos, dentro del cual el niño pueda explorar y enfrentar nuevos retos. El niño debe demostrar iniciativa, curiosidad, deseo de explorar y disfrutar sin sentirse culpable ni inhibido. Las primeras manifestaciones de moralidad se desarrollan a medida que el egocentrismo cede al deseo del niño de complacer a sus papas y a esas personas de especial importancia. Esto se conoce comúnmente como el estado del ''niño bueno'', ''niña buena''.
La elaboración de cuentos puede conducir a la mentira, un comportamiento que si no se aborda durante los años de edad preescolar puede continuar probablemente hasta la edad adulta. Cuando un niño en edad preescolar contesta estará tratando de llamar la atención y provocar una reacción del adulto.

¿Cómo sabe tu hijo lo que es bueno?
La ética, como cualquier otra faceta del desarrollo, es objeto de aprendizaje. Entre los 4 y los 6 años, y siempre dentro del campo de la ética, el niño todavía no está capacitado para realizar actos voluntarios y libres. Su criterio sobre cómo obrar, sobre lo que está bien o está mal, depende de la autoridad. Es decir, de lo que para papá o para mamá es bueno o es malo. Por ejemplo si desobedezco a mamá y juego con un cuchillo, me corto, o si me acerco al horno me quemo. De esta forma aprenden que si no actúan como les enseñas pueden pasar cosas malas.
Por eso en esta etapa es muy importante que en determinados aspectos tu hijo te tenga como punto de referencia de autoridad. Por supuesto no es sinónimo de autoritarismo. Más bien debe ser una autoridad cercana y comprensiva, pero coherente, siempre igual.
Si cambias tu criterio cada dos por tres y hoy lo castigas por pegarle a su hermanito, pero mañana no le das importancia, la autoridad perderá coherencia y le costará saber qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.
El reflexionar previamente sobre las cosas que son realmente importantes puede ayudarte a establecer un criterio. Con las cuestiones más relevantes debes ser siempre inflexible. Si "no se pega", no se puede pegar nunca. Ni él a otros niños ni tu a él. Pero si, por ejemplo, el orden de sus juguetes no te parece algo realmente importante, no debes castigarlo por ser desordenado. Bastará con que siempre lo ayudes a recoger sus juguetes para que entienda la importancia de ser ordenado.
Educar
Todos queremos "educar bien" a nuestros hijos, pero "educar bien" no tiene porque ser darles todo lo que piden (los mejores juguetes, la ropa de moda...). "Educar bien" es formar "personitas felices" que el día de mañana sean hombre y mujeres integrados en la sociedad, comprometidos, solidarios, justos, tolerantes, con una escala de valores claramente definida que les permita estar contentos consigo mismos y... SEGUIR SIENDO FELICES.
El núcleo en el cual los niños adquieren sus primeros aprendizajes éticos es la familia. Por eso los papas deben conocer los trucos para ayudar a tu hijo a "ser bueno", y a comportarse "éticamente bien".
Es importante pedir perdón
Por muy buenas que sean tus intenciones te equivocarais más de una vez. Indudablemente nadie es perfecto. También de aquí puedes sacar una enseñanza importante para el aprendizaje ético de tu hijo. A los niños les duele especialmente el rechazo de los demás. Sobre todo el de los adultos, y aún más el tuyo. Esto les hace tender naturalmente a la reconciliación y a pedir perdón para conseguirla. Si eres capaz de pedirle perdón cuando lo castigas o gritas sin motivo o cuando te equivoques al echarle la culpa de algo, tu ejemplo le servirá para reforzar positivamente esta tendencia natural a la reconciliación.
Esta actitud, que se irá consolidando con la práctica, le será de mucha utilidad en otras relaciones que tendrá que vivir de adulto (matrimonio, trabajo...) y poco a poco irá reparando en otros elementos que le son añadidos: la reflexión, el enjuiciamiento, la humildad...
Trucos si se porta mal Se recomienda actuar así cuando el niño se porta mal:
- Sin dramatizar, hay que castigarlo cuando el niño no cumpla algo que le dijiste que haga.
- En cambio, hay que recompensar los logros y comentarlos con la gente delante de él.
- Si su comportamiento es muy inadecuado, conviene sacarlo del contexto para que el pequeño razone y haga un esfuerzo por comportarse.
Cómo fomentar su autoestima El hecho de tener confianza en uno mismo les da a las personas, tanto niños como adultos, unas actitudes básicas de autoestima, seguridad y empatía que son fundamentales a la hora del crecimiento ético. En estos primer años de vida, y especialmente entre los 4 y los 6 años, tu hijo mostrará una creciente necesidad de cariño y de reconocimiento. El que ustedes papas estén por ahí para dársela le ayudará a formar una personalidad fuerte y segura que más adelante facilitará la comunicación, la aparición de actitudes de solidaridad, comprensión, amistad, tolerancia, en definitiva la capacidad de ESTAR en el mundo, integrado y comprometido.

Pero ¿cómo debemos "estar ahí"? En primer lugar comunicándote con tu hijo. Háblale y dile que lo quieres. No basta con demostrarlo, los niños necesitan escucharlo.
Es bueno que por las noches le des un abrazo, le repitas las cosas que hizo bien durante el día y le digas que estás contenta por tal o por cual cosa. Incluso aunque estés molesta no debes dejar que el día se acabe sin decirle que mamá y papá lo quieren. No importa lo que haya hecho porque nada puede cambiar el hecho de que tu amor por él es más grande que cualquier malacrianza. Dormirá más tranquilo y mañana tendrá ganas de demostrarte que puedes seguir confiando en él.
Cuando tengas que gritarlo cuida mucho tus palabras como decirle "eres muy malo", "nadie te aguanta" o incluso insultos como "eres un tonto ¿o qué te pasa?" no son nada constructivas. Lo hacen fijarse en él y en su imperfección, y no en el error que ha cometido. Es mucho más optimista decirle "lo que has hecho no está bien", o "me estás haciendo perder la paciencia". Son reproches igualmente llamativos pero no centran la acusación en su persona. Si además le haces ver que puede hacerlo bien porque ya lo ha hacho antes, se sentirá capaz de volver a hacerlo.
Es importante que se de cuenta que confías en él. Pero no te engañes a ti misma. Debes tener auténtica confianza en él. Muchas veces en nuestro intento por protegerles no los dejamos crecer. Con 4 años ya son capaces de responsabilizarse de muchas cosas. Confíale pequeñas tareas que lo hagan sentirse mayor. Encárgale que compre el pan mientras esperas fuera, deja que escoja él su ropa, anímalo a aprender cosas nuevas, deja que sea él el que le cuente al médico lo que le pasa...
Por qué tienen miedo los niños Los niños tienen una percepción limitada del mundo que les rodea. Desde muy chicos desarrollan miedos a determinadas situaciones. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los ruidos, personas y ambientes les son desconocidos y pueden provocarles diferentes niveles de ansiedad. Poco a poco, según van creciendo, pueden ir superando estos primeros miedos y sometiéndose a la influencia de otros nuevos.

Un factor que incide en la aparición de cierto tipo de miedos, como la angustia de separación de los padres, o el temor al abandono, es su escasa capacidad para medir el tiempo. Cuando mamá se va de su lado no sabe cuánto debe esperar para volver a verla y aparece el miedo a la pérdida definitiva.
Al llegar a la edad de 3 ó 4 años, los miedos comienzan a ser también irracionales y hacia los 6 años predominan temores a monstruos, animales imaginarios, sombras que cobran vida o grandes peleas. Muchos de estos miedos se ven inducidos por el ambiente externo, las series televisivas, las historias de los compañeros, etc. Estos miedos irracionales se combinan con otros más prácticos y reales, como miedo a hacerse daño tras una caída, miedo a hablar en público o miedo a los animales.
Algunos temores infantiles están fundados en experiencias negativas y pueden servir a los padres como alarma para identificar situaciones de abuso, tanto por parte de adultos como por parte de compañeros de colegio.
A qué puede tener miedo tu hijo El objeto de los temores infantiles es muy variado, pero existen algunos miedos ciertamente universales. Algunos de los que se presentan con mayor incidencia entre los 4 y los 6 años son el miedo a los animales y a los insectos, el miedo a la oscuridad, a los lugares cerrados o a los espacios abiertos, el miedo a los truenos y a las tormentas, el miedo a la muerte o el miedo a los desconocidos. Algunos de estos miedos, como el de las tormentas o la muerte, pueden ser superados hacia los 6 años y reaparecer más tarde. Pero mientras no constituyan un impedimento real para desenvolverse con normalidad, no debes preocuparte. Si alguno de estos temores impide a tu hijo hacer una vida normal debes consultarlo con el pediatra y probablemente con un psicólogo.
Qué es lo que NO debes hacer No lo ridiculices. Los niños se sienten realmente inseguros y necesitados de cariño y comprensión. Si tu hijo se muestra temeroso ante cualquier situación nunca lo ridiculices ni le digas miedoso o infantil. No lo ayudará en lo absoluto. No lo obligues a afrontar su miedo en solitario. Muchas veces encontramos adultos que pretenden ayudar a superar los temores de los niños obligándolos a enfrentarse a ellos en solitario. Este es otro tremendo error. Nunca obligues a tu hijo a entrar a oscuras en su dormitorio si no quiere hacerlo. Provocarás un aumento de su ansiedad y contribuirás a alargar ese miedo e incluso a perpetuarlo. Además el sentimiento de no ser capaz de afrontar la situación no lo dejará sentirse orgulloso de sí mismo.
Tampoco le des demasiada importancia. Si cada vez que ves un perro te interpones entre tu hijo y el animal e insistes en que tu lo defenderás, el niño acabará pensando que todos los perros son realmente peligrosos y no podrá superar su miedo.
No lo ignores. Si por el contrario ignoras por completo sus temores se sentirá perdido y solo. No encontrará la forma de enfrentarse con el problema y percibirá por tu parte desinterés y falta de cariño.
Como puedes ayudarlo a superar sus temores


Es común que se presente cierto tartamudeo en el desarrollo normal del lenguaje en los niños entre los 3 y los 4 años de edad. Esto se produce porque las ideas llegan a su mente más rápido que su limitada capacidad de expresión, y es más frecuente cuando el niño está estresado o excitado. Cuando el niño esté hablando, se le debe prestar toda la atención, sin hacer comentarios sobre el tartamudeo. Si éste va acompañado de otros signos, como tics, muecas, timidez extrema o si el tartamudeo persiste por más de 6 meses, se debe pensar en una evaluación del niño por parte de un terapeuta del lenguaje
El significado de las palabras Todavía hay una gran cantidad de vocabulario que le resultará desconocido pero es probable que no siempre te pregunte sobre el significado de palabras que desconozca. Para ampliar su vocabulario y asegurarte de que entiende el significado de cada palabra puedes jugar a usar sílabas en vez de letras o a "decir palabras que empiezan por...". Son juegos que no necesitan especial atención y pueden realizarse en espacios cortos de tiempo, como paseos en carro, durante el baño, mientras come...
Habla con él: lo ayudarás a crecer A partir de los 4 años los niños son mucho más reflexivos. Veras en tu hijo que ya no se lanza a hablar sin pensar. A partir de los 4 ó 5 años se hará consciente de su propio pensamiento y podrá disfrutar inventando historias y diálogos entre personajes imaginarios. Son comunes expresiones del tipo de "mamá, puedo hablar y tu no me oyes" o "eso me lo digo yo a mi mismo". Puedes ayudarlo a cultivar este descubrimiento hablando mucho con él. Síguele el juego y contéstale siempre. Cuando mayor sea su vocabulario y más experimente con su imaginación, mayor será su facilidad para pensar y expresar sus sentimientos. El diálogo es especialmente importante en esta etapa en la que se está alejando cada vez más de la protección del nido familiar.
